La gesta estuvo a cargo del Automóvil Club Argentino (ACA) y se largó el 17 agosto en la sede central de la entidad madre, en la Avenida del Libertador 1850. Fue una carrera de extrema dureza a través de diez países en la que partieron 57 autos y arribaron sólo 22. Sin GPS, celulares ni ninguna otra ayuda electrónica. Solo una hoja de ruta escrita a mano, un mapa y una brújula a la vieja usanza, fueron las herramientas de quienes se animaron a la gran aventura sobre coches casi standard con las jaulas antivuelcos. Solo los representantes de los equipos oficiales contaron con una preparación más acorde.
Gracias a la presencia de Fangio en la organización estuvo la escudería
Mercedes-Benz con pilotos. En 1974, el
Chueco fue nombrado presidente de la marca alemana en la Argentina y 24 de septiembre el binomio británico compuesto por
Andrew Cowan y
Colin Malkin fueron los ganadores con un
Mercedes-Benz 450 SLC. Con un auto similar fueron cuartos el finlandés
Timo Mäkinen (figura mundial del rally en esa época) y el francés
Jean Todt, que luego condujo a la gloria a
Ferrari en los años dorados de
Michael Schumacher. También se sumaron otras escuadras como Fiat y Renault a nivel regional y con la casa del Rombo, el cordobés
Jorge Recalde fue el ganador de la Clase B con un Renault 12 y terminó sexto en la clasificación general con el mejor auto argentino.
Pero las facilidades de participación permitieron que los entusiastas pudieran sumarse, como el caso del trasandino Acevedo, que tuvo varios problemas mecánicos y al menos quiso completar la odisea sudamericana. En esos arreglos fue clave la labor de su mecánico, Moya, que al llegar a Osorno reemplazó como navegante a Hugo Prambs, quien tuvo una discusión con el piloto
En la penúltima jornada partieron de noche en el tramo de enlace desde Viedma y Pedro Luro. A los diez kilómetros ambos aseguraron que vieron una fuerte luz que venía detrás. Pensaron que era los Mercedes-Benz oficiales, se corrieron hacia la derecha para dejarlos pasar, pero no eran las máquinas alemanas. La luz se hizo cada vez más fuerte y los encandiló. Luego su auto se elevó unos dos metros y el motor se paró. Estuvieron un rato sin entender qué estaba pasando. Luego la luz desapareció, el Citroën GS volvió a estar sobre la ruta y según su testimonio, llegaron a una estación de servicio antes que el resto del pelotón, algo llamativo porque ellos largaron desde el fondo. El odómetro les indicó que recorrieron 52 kilómetros, pero la distancia entre Viedma y Pedro Luro es de 159. Habían pasado por solo uno de los cuatro puestos de control, algo característico en las carreras de rally. Sorprendidos por lo que vivieron relataron lo que les pasó.